jueves, 16 de junio de 2011

No mires si no quieres, pero no me dejarás de ver.

Lo odio. Pero me gusta odiarlo. Odio tener que pasar siempre por lo mismo. 
Yo lucho por ti, para que estés bien. Tú te alejas mirándome a los ojos, creyendo que no me debes nada, con orgullo, pensando que la mala he sido yo siempre. Quizá lo haya sido. Sí, puede. Es más, seguro. Si tu concepto de maldad es un intento de ayudar a la gente sin esperar nada a cambio; soy culpable. Lo siento, de verdad. No quería ofender, solo pretendía ayudar. Y ahora te vas porque sí. Sin nada más. Te crees que el qué más lucha eres tú, te crees bueno. No digo que no lo seas; es más, si no lo fueras, probablemente no serías mi amigo. 
Pero ¿qué le voy a hacer? En esta sociedad de mierda está visto que la ayuda se cobra. La gente siempre espera algo a cambio. En eso también soy culpable. Pero intento cambiar. Toda mi vida he sido víctima, pero lo he llevado a escondidas porque no me gusta hablar de ello. Y tonta de mí, cualquiera diría: bueno, si lo has pasado mal, ahora te toca lo bueno, no? Y yo a lo mío, sigo pensando que le debo algo al mundo. Y ese algo lo doy en forma de ayuda, solidaridad. Parece un anuncio pero es mi verdad. Mi puta verdad. Que luego todos pensamos cosas buenas de nosotros mismos, creemos sin modestia que nosotros somos la excepción del mundo, una especie de superhéroes que van a salvar el mundo, y que el resto es gente transeúnte que viene y que va. ¿Qué decir a esto? Es verdad. Somos los protagonistas de nuestras propias vidas. Pero siempre he buscado solución a los problemas de los demás antes que a los míos. Qué mierdas, siempre he tenido problemas, de los gordos, y nunca me han preocupado tanto como los de mis amigos, o conocidos, cuando se ponen a llorar con alguno de los suyos. Y en cambio no quiero pensar en los míos. Ni pensar, he dicho. No quiero saber nada de mis problemas. Los evito a toda costa. El otro día, la primera vez que alguien me vio llorar (miento, me oyó llorar), fue por acumulación de problemas. Por teléfono fue. Y más incómodo imposible. Y no hay una sola persona en el mundo que se sepa todos mis problemas. Ni una. Mis problemas están explicados a personas así, sueltas. Nunca he querido que se preocupasen por mí. Me molesta. Y me dicen; tía, deberías dedicarte a esto, ayudas mucho. ¿Y? Yo no vendo mi ayuda. Yo lo hago gratis. Yo te ayudo si lo necesitas. No te voy a cobrar por horas ni voy a analizar tus pensamientos. Solo ayudar. Intentar arreglarlo todo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario